Epigmenio González, el insurgente queretano que torturaron por más de 20 años en Filipinas

Te contamos la trágica vida del insurgente olvidado.

Fecha de registro: 2020-09-10 14:25:50

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Uno de los más ilustres queretanos hoy está casi en el olvido. Fue de los primeros insurgentes que ayudó a forjar nuestra patria, pero el destino no le fue de lo más amable. Dado por muerto, en realidad pasó 27 años en prisión, la mayoría de estos en Filipinas. Cuando regresó, el país por el que luchó ya se llamaba México, pero su gente ya se había olvidado de él. Decidió rechazar cualquier tipo de homenaje y pensión, y pasó sus últimos años en Guadalajara como un simple velador.

¿Quién es este misterioso héroe que lleva el nombre de escuelas y calles en nuestra ciudad, pero que es poco mencionado en los libros de historia?

José María Ignacio Juan Nepomuceno Aparicio Epigmenio nació el 22 de marzo de 1781 en la actual ciudad de Querétaro, cuando los españoles aún tenían el control total sobre las tierras y cuando leer y escribir era inimaginable para gente pobre e indígena como él. Desde la infancia, tuvo una vida difícil. A los 4 años se quedó huérfano y junto con su hermano menor, Emeterio, se quedó con su abuelo. A los diecisiete, su abuelo fallece y los hermanos González pasaron al cuidado de una mujer adinerada. A partir de esto, Epigmenio se forma como un joven comerciante inteligente, amante de los números y también de la poesía, y a quien a sus veintipocos años, se le hereda una tienda de abarrotes: La Concepción. Poco tiempo después, a pesar de las críticas, se casa con una mujer india e humilde, Anastasia Juárez. Juntos tuvieron 3 hijos, pero la felicidad de la pareja no duró mucho, ya que ella falleció a finales de 1809.

A pesar del evento trágico, Epigmenio y su hermano decidieron unirse a las conspiraciones del movimiento de Independencia que estaban surgiendo en Querétaro en casa del corregidor Miguel Dominguez.

La noche del 14 de septiembre, justo antes del levantamiento, ambos hermanos fueron apresados y llevados a la ciudad de México. Según los testimonios presentes el diario de un vecino de la ciudad, don Francisco Javier Argomániz, se los llevaron “por haberse descubierto cómplices de un levantamiento que tenían premeditado varios individuos. Se encontraron en su casa una porción considerable de balas y cartuchos”. Cabe mencionar que este diario pasó a ser documento histórico gracias a que relató muchas otras noticias y acontecimientos del momento, como el hecho de que se encontraron documentos prohibidos en la celda de Epigmenio, quien desde la cárcel seguía incitando a la gente a unirse a la guerra. Con esto, perdió el indulto real y en 1813, también perdió a su hermano Emeterio, quien murió en un calabozo. Poco tiempo después, llegó una orden judicial con instrucciones de exiliar al queretano al otro lado del mundo.

Después de un terrible y largo viaje, el prisionero cruzó el océano Pacífico y llegó a Japón, de ahí a las islas Marianas y finalmente a las Filipinas, donde pasó más de veinte años entre selvas, nativos y presos considerados por la Corona Española como los “más peligrosos”.

En México la independencia fue declarada en 1821, pero Filipinas seguía siendo posesión hispana, y no fue hasta 1836 cuando la reina Isabel II ordenó liberar a todos los presos de las islas. Después de años de sufrimiento, Epigmenio por fin era libre… pero también pobre, enfermo y sin medios para regresar a México. Se cuenta que un oficial español se compadeció de él y le ayudó a regresar.

En el país ya era dado por muerto, y para cuando volvió en 1838, casi nadie lo recordaba. Eligió no regresar a su ciudad natal, se fue a Guadalajara y optó por rechazar pensiones, homenajes y la devolución de sus bienes. Seguramente, sus pérdidas y las décadas entre rejas le dieron mucho de qué pensar y le otorgaron otra perspectiva con respecto a las posesiones materiales.

Aún así, el presidente Nicolás Bravo lo nombró vigilante de la Casa de Moneda de Guadalajara, oficio que guardó hasta su muerte por cólera el 19 de julio de 1858, a los 77 años.

Apenas en septiembre de 1989 fueron trasladados sus supuestos restos al Panteón de los Queretanos Ilustres, en donde descansan hasta el día de hoy.

Epigmenio González al final, más que convertirse en un mártir, vivió un martirio durante su vida. Y ahora que se acerca el 15 de septiembre, no podemos evitar pensar que no será mencionado junto con Hidalgo, Morelos y Allende, pero que en realidad, deberíamos de gritar fuertemente su nombre, representando con este también a todos los demás héroes olvidados y anónimos que lucharon por nuestra libertad.

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