Los albergues y la indigencia en Querétaro

Iniciativas esperanzadoras para un mal visible en la ciudad.

La vida en la calle, la exposición a la interperie, la violencia institucional y la discriminación, son sólo algunos de los problemas que se enfrenta a diario la llamada población callejera o indigentes. Migrantes del campo a la ciudad, extranjeros que están de paso en busca de una mejor vida, indígenas que vienen a vender sus artesanías, todos ellos sin techo y muchas veces, sin identidad, se ven ahora más vulnerables que nunca ante la pandemia del coronavirus.

En Querétaro, la indigencia es un mal visible, sobre todo en el centro, donde es común encontrarse con gente dormida en las calles, plazas o frente a las iglesias. En agosto del 2019, en la capital se tenían identificadas 130 personas en situación de calle. Desde el año pasado, se comenzó a prestar más atención a este problema – el cual fue totalmente ignorado por un largo tiempo – y se implementó el Programa para la Atención de Personas en Situación de Calle. Luis Nava, el actual presidente municipal, destacó que este programa se hizo con el objetivo de lograr la dignificación y la reinserción sociocultural y económico-laboral de las personas que viven en situación de calle, a través de proporcionar ayuda con trámites de identificación, solicitudes de becas para estudiar y capacitaciones para acceso al trabajo.

Ahora con la pandemia, programas como este se han visto limitados, pero existen un par de refugios que representan una esperanza para los más necesitados.

Ubicado en Vicente Guerrero número dos, El Albergue Yimpathí, que significa viajero en Otomí, representa una gran oportunidad para todos aquellos que no tienen la fortuna detener un techo sobre sus cabezas. Abre sus puertas diario a las 7:00pm, pero desde horas antes, un gran número de personas hace fila en la banqueta, con la esperanza de ser admitidos y obtener, al menos por esa noche, cobijo, aseo y comida. Los únicos requisitos para ingresar son: contar con algún tipo de identificación, no estar bajo al influencia de alcohol o drogas y cubrir una cuota de recuperación de $10 (esta última ha sido eliminada a partir de la contingencia).

El albergue tiene capacidad para recibir hasta 250 personas por noche, y aunque el aforo ha tenido que ser reducido a un máximo de 100 personas a partir de la pandemia, por fortuna este lugar sigue trabajando en favor de la población vulnerable. De acuerdo a María del Carmen Ortuño Gurza, la directora general del DIF Municipal, el albergue sufrió una baja significativa en los meses de abril, mayo y junio, ya que recibían nada más entre 30 y 40 usuarios por noche. A partir de julio, las cosas cambiaron y la cantidad de personas que se presentan a diario ha aumentado. En agosto por ejemplo, se otorgaron 2 mil 36 servicios, con un promedio de entre 66 y 70 personas por día en el albergue, siendo el 35% de los usuarios población indígena, 62% personas en situación de calle o personas que vienen de otros estados en busca de alguna oportunidad de trabajo, y el 3% restante son migrantes extranjeros.

Para cuidar la seguridad y la salud tanto de los usuarios como de los trabajadores, se han implementado medidas como la toma de temperatura, el uso de gel antibacterial, espaciado entre camas y limpieza profunda diaria de todos los espacios, al igual que de las ropas de cama y las toallas. Hasta ahora, por suerte no se ha detectado ningún caso positivo de COVID-19 en las instalaciones, y si ese llegara a ser el caso, la persona sería redireccionada a la clínica de Reforma Agraria.

Otra iniciativa surgió en estos tiempos de criris, y se habilitó un nuevo programa para la atención y vigilancia de las personas en situación de calle, fundamental para evitar contagios y resguardar a la gente sobretodo en esta época de frío que apenas comienza. Se trata del albergue temporal que el municipio instaló desde mayo en el Parque Los Alcafores. Este denominado Centro de Servicio Temporal es único en su tipo en el país, y en junio ya había beneficiado a un total de 133 personas, desde hombres, mujeres y hasta niños. Además de un espacio para dormir en casa de campaña, se les brinda servicio de baño, la posibilidad de aseo, y 3 comidas diarias, así como atención psicológica y asesoramiento laboral, todo sin costo. Para ingresar, se requiere pasar por un proceso previo con el municipio, por lo cual, hay gente en espera de ser admitida y llegan a dormir incluos en las inmediaciones del parque. 

Estas iniciativas sin duda representan un gran esfuerzo para ayudar a este sector vulnerable, pero no cabe duda de que hay mucho más que se puede hacer al respecto, usando como pilar la educación de calidad, seguida por el acceso a oportunidades laborales dignas para todos.