Sí, por supuesto que Querétaro tiene a su novia fantasma que deambula por las calles

Si no quieres topartela, evita caminar por esta zona

Fecha de registro: 2020-07-06 22:31:49

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Una hermosa dama, hija de una familia conocida en Querétaro, vivía en la Calle de la Bajada de Guadalupe, hoy en día Pasteur Norte, pasando la Iglesia de la «Congregación», en la esquina que forman las calles de Pasteur y Angela Peralta; casa que años más tarde se convertiría en una escuela de monjas.

Cayendo la noche, de manera bien planeada, esta joven mujer, quien era la mayor de tres hermanas, tenía la gran habilidad para ver a dos novios a diferente hora, sin ser descubierta por ninguno de ellos por bastante tiempo. Se cuenta que los encuentros amorosos se prolongaban, mes con mes, ella no podía decidir con quien de los dos quedarse para formalizar una relación, al mismo tiempo se sospecha que la costumbre y el tiempo la habían hecho presa de una cierta arrogancia al tener cautivos a los dos hombres, lo cual comentó a una amiga.

Para su mala suerte, aquella amiga, quien tenía una formación muy moral para algunos y para otros más conocedores, afirmaron que la envidia y sobre todo, que uno de ellos le gustaba, decidió comentar lo que sucedía, el rumor creció de tal manera que llegó a oídos de los dos novios.

En aquel Querétaro de formación tan religiosa esto no podía ocurrir, además de que no se podía permitir que una señorita de buena familia tuviera conducta tan ligera, motivo por el cual uno de los novios, una vez que se despidió con un beso candente entre los barrotes de la ventana, simuló retirarse, espero ocultó entre las sombras de la noche. Con paciencia franciscana, observó curioso el encuentro con quien arribó al lugar después de él y que, entre pláticas, risas y algunos besos, se prolongó por una hora.

Cuando el segundo joven se retiraba, decidió enfrentarlo, grande fue su sorpresa al darse cuenta que aquel hombre con el que compartía mujer, era nada más y nada menos que su primo, situación que una vez aclarada, los impulsó a darle un escarmiento a aquella mala mujer.

Los primos planearon durante varios días, mientras los encuentros continuaban, siempre aparentando normalidad. Sin que la joven se percatara de lo que traían entre manos.

El plan estaba hecho. Para dar el escarmiento a aquella desvergonzada mujer, el más fuerte de los dos, quien era el que acudía en segundo término, le pidió un beso, luego otro, con excusa de su gran amor, le dijo que separaría los barrotes para tener un acercamiento mayor, lo cual procedió a hacer, cuando la joven confiada sacó la cabeza, el novio cerró los barrotes de tal forma que no podía sacar su cabeza.

La situación no le permitía gritar y pedir auxilio, ya que se pondría en evidencia. A la mañana siguiente, mientras los primeros rayos del sol se asomaban y las mujeres se encaminaban a mis a de 6 a la Iglesia, encontraron en la subida de Guadalupe, calle que las llevaba a la «Congregación», una joven llorosa que gemía entre los barrotes con el arrepentimiento reflejado en la cara, mezclado con el frío de la mañana.

Durante varias semanas se pudieron apreciar los barrotes doblados por la fuerza utilizada para poder rescatarla de su vergüenza, hasta que un herrero intentó restaurarlos y borrar aquella maniobra que se había hecho para castigar a la casquivana, aunque el artesano trabajó lo mejor que pudo, todavía hoy en día si uno se lo propone, se pueden notar las huellas de hace más de 100 años las cuales quedaron como testigos mudos en aquella ventana.

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